Vacaciones TxiriBuelteras

28 agosto, 2017 • Txiribuelta

Ya en casita, y con 168 horas intensas a mi espalda, tengo una rara sensación… Es difícil para mí cambiar el punto de vista tan rápido; de “vivir” para otro, a volver a vivir para mí. Hoy se lo decía a una persona que me preguntaba por mis ganas de volver a casa: “sí tenía, pero ahora me falta algo”…

Mis anteriores escapadas sensoriales de TxiriBuelta eran de fin de semana, y me recargaban las pilas… Eran 48 horas de entrega en las que no dormía más de 10 (por el peque y por mis nervios) y saber que me iba a ir 7 días, me producía una mezcla de miedo, ilusión e incertidumbre… Era la primera vez que me iba 7 días “sola” (de mi círculo), sin conocer al peque, a un albergue… ¡Menos mal que me animé!

Conocí al peque unos días antes, al peque y a sus grandes papis; algo que creo que nos vino bien a todos… Mi miedo se convirtió en nervios. Era el peque más inseguridad propia me proporcionaba, y no por él, por su carácter o conducta, sino porque estoy acostumbrada a peques con TEA y a mi la novedad me aterra si no me siento segura… Y si yo no me siento segura, ¿cómo le voy a dar seguridad a él?  Su sonrisa me tranquilizó, y compartir una merienda con sus padres y comprobar que era tan fácil estar con ellos, también.

¿La semana? Algo agotadora (paso de dormir mis 8 horas o más, a un máximo de 5), y MUY MUY MUY gratificante….

He disfrutado tantísimo con él y los demás peques… He aprendido a mirar los gestos, a notar y comprender las miradas, a identificar los enfados sutiles, a oler la tensión, a dejarme a un lado y centrarme en otro, ¡a jugar! Por supuesto no a mis juegos, sino a los suyos… Ver sus sonrisas y carcajadas me alimentaba a seguir… Al final no sé quién se reía más.

Y sigo trabajando el dar aire cuando lo necesitan y a invadirles su espacio vital sin molestar, verbalizar todo para ver su reacción antes de llevarlo a cabo, a darles el tiempo suficiente a ellos y a mí, a ponerme a su nivel para ser dos “tú”…

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Y todo esto es debido a varios factores… A las grandes personas que crean estas experiencias, a otras grandes personas que se animan  a vivirlas y con sus ataques de risa y juegos locos me inspiran, a los papás y mamás que permiten a sus hijos disfrutar de esto y confían en nosotras, y sobre todo a los grandes protagonistas… Al motor de estas vacaciones, esas grandes personitas que se lo merecen todo y más.

¡Mil millones de gracias a todos, seguir aprendiendo mientras disfruto no tiene precio!


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